Hola,
Tan sonoro título puede quizá espantar a primera vista, pero con él pretendo hacer un doble sentido. No me salgo de mi tema porque La Mierla es el nombre de un municipio de la provincia de Guadalajara, cuyos escasos 25 vecinos estarán hasta las narices de que la gente de los pueblos cercanos tienda a cambiar una de las letras de su nombre por otra con objeto de hacer mofa. Pero a esa letra cambiada, que no voy a mencionar aquí aunque resulta obvia, es la deriva hacia la que me temo que está tomando este blog, a juzgar por las pocas entradas que se ven en las últimas semanas y los todavía menos comentarios que a ellas se aportan. Y es una verdadera lástima, porque desde el primer día este rincón de internet me resultó muy interesante y admiré su actividad. Me apena que, por la razón que sea, parezca destinado a caer en el olvido.
Resido a 600 kilómetros de distancia del lugar donde nació y se desarrolló este blog, por lo que desconozco los motivos que están llevando a su paulatino abandono y ni siquiera creo que esté facultado para elucubrar al respecto. Lo que sí puedo (y creo que debo) hacer es elogiar a Diego Merayo por poner en práctica su idea y conseguir mantenerla durante tanto tiempo, esperemos que todavía mucho. También debo tener palabras de calado similar para Karny y Patino, por ser los únicos que han ido manteniendo una regularidad en la publicación de mensajes y que, ante estas eventualidades, aún siguen en la brecha ofreciendo sus distintos puntos de vista sobre la actualidad. Me resulta admirable que lo hagan, así que creo que merecen esta mención.
Por mi parte, sólo puedo decir que cuando ves que algo no tiene actividad y tú no tienes contacto con quienes le dan (o le deben dar) impulso, te entra un cierto desánimo que hace que se te contagie la apatía. Que no se me tome por moralista, insisto en que no soy quién para valorar por qué este blog se muestra casi estático en las últimas semanas. Tan sólo quiero animar a evitar que este sitio de internet decaiga del todo, porque creo que sería una pena. Comprendo que el día a día genera estrés y quita tiempo y ganas, pero eso no ha de impedir que, antes o después, se aporte el grano de arena para que la idea no muera. Creo que el esfuerzo de su creador y la constancia de las otras dos personas que semana tras semana aún le van insuflando aliento con sus artículos de opinión no se merecen un final tan temprano por inanición.
Dicho esto, invitando a la reflexión, paso a escribir de geografía. Hace un par de semanas estuve en Guadalajara en un congreso de Prensa y Periodismo Especializado, que creo que hubiera sido una convocatoria más que interesante para vosotros, dados los temas que allí se abordaron. Si alguien quiere saber algo más al respecto, hoy he empezado a colgar en mi blog (al que se puede acceder pulsando mi nombre en la barra que aparece a la derecha) unas impresiones sobre esta convocatoria. Pero como de lo que se trata aquí es de dar pinceladas sobre geografía, lo suyo es explicar que aproveché el viaje para conocer lugares recónditos de las provincias de Guadalajara y Soria, en lo que para mí constituyen unas vacaciones ideales. No, no estuve en La Mierla, pero sí en localidades de tamaño similar, algunas con el atractivo añadido de un curioso topónimo.
No sé si quienes pasan habitualmente por esta web conocerán la existencia de Atienza, en el extremo norte de Guadalajara. Es probable que sí, porque se trata de una bella localidad monumental cuyo casco urbano fue declarado Monumento Nacional en 1962. Eso sí, conoció tiempos mejores, porque a día de hoy sólo la habitan 454 personas. Me podría extender hablando de sus iglesias románicas, de su castillo o de sus plazas porticadas, pero prefiero cambiar de escenario, de provincia, de comunidad autónoma incluso, para trasladarme a Rello, un pequeño rincón de Soria en donde las elecciones duran lo que tarden en votar sus 31 habitantes. Otro conjunto urbano que impresiona, pero en parte también por las huellas que sobre él ha dejado la despoblación, con sus murallas semiderruidas y muchas de sus casas convertidas en poco menos que solares. Aún tuve la suerte de encontrarme a dos de sus vecinos; uno de ellos, una mujer, decía que se alegraba de que fuera gente a ver el pueblo, porque así al menos encontraba alguien con quien hablar.
Al oír el nombre de Andaluz, probablemente pocos sabrán que se trata también de otro minúsculo pueblo soriano, que incluso dejó de tener jurisdicción propia hace ya 40 años. La denominación probablemente venga de la época musulmana, como un lugar fundado por andalusíes. Sea como fuere, el caso es que hoy día sólo tiene censadas a 23 personas. La fortuna quiso que me encontrara con una de ellas, de nombre Jesús, que guarda en su garaje una magnífica colección de aperos agrícolas de todo tipo y que gustosamente se ofreció a enseñarme. Nunca imaginé tanta amabilidad con el forastero en un pueblo tan pequeño, una solitaria y lluviosa tarde de mayo. Si vais alguna vez a Andaluz, por cierto, no dejéis de ver su impresionante iglesia románica con un bonito pórtico de entrada. Os aseguro que vale la pena.
Como igualmente sorprende el castillo de Gormaz, desde el que se divisa buena parte de la zona. En primer término, no obstante, lo que se observa es el pueblo homónimo, que nunca fue muy grande y que hoy sólo tiene 20 habitantes. Otra localidad que se observa desde allí arriba es Recuerda, un nombre difícil de olvidar y que quizá alguien interpretaría como lo contrario de reloca. Este último municipio tiene la redonda cifra de 100 vecinos, desperdigados además en varios pueblos. La población ha disminuido nada menos que un 43% desde 1991. Y es que no solamente se trata de zonas poco habitadas, sino que además casi todos sus moradores son de edad avanzada y la parca va yendo a buscarlos de vez en cuando.
Otro lugar de pasada fue Retortillo de Soria (234 habitantes en todo el municipio, apenas 120 en el propio pueblo), que tuvo que ponerse el predicativo en 1916, por aquel Real Decreto del que ya hablé en otras ocasiones, y que obligó al cambio de nombre de centenares de municipios para evitar coincidencias en la denominación con otros. En este caso, Retortillo tuvo que ser "de Soria" para evitar confundirlo con otro Retortillo salmantino. El amigo que me acompañaba en este viaje y yo nos preguntamos cuál será el gentilicio de este pueblo, si tal vez ¿retortilleros?, aunque lo cierto es que en ese caso no sonaría demasiado bien, sobre todo para las mujeres, dado que podría inducir a bromas de mal gusto.
Volviendo a la provincia de Guadalajara, no puedo evitar referirme a Villacadima, una localidad despoblada (que no completamente abandonada) donde hay, cómo no, una iglesia románica más que interesante. Pero lo que llamaba mi atención en ese momento era el silencio absoluto que se respiraba en aquel lugar, a más de 1.300 metros de altitud y a varios kilómetros de cualquier núcleo habitado de forma permanente. Junto a las decenas de casas totalmente en ruinas había otras arregladas, prueba de su ocupación ocasional, pero en ese instante, a pesar de ser domingo a mediodía, allí no había nadie más que mi amigo y yo. Una soledad desoladora que se repite, con más fuerza si cabe, en cientos de lugares de zonas rurales de toda España, aunque especialmente en el castigado territorio del centro peninsular. Como casi todos los habituales del blog habéis crecido por esa parte, sabréis a qué me refiero.
Para terminar, citaré la villa de Cogolludo, uno de los núcleos más poblados que visité (569 habitantes en el casco urbano, 645 en el municipio), y que, tal y como indica la rima fácil que se extrae de su nombre, tiene un casco histórico con dos cojones, digno de ver, vaya. Lo mismo que la soriana Berlanga de Duero, el pueblo más grande que vi en este periplo (862 vecinos en la villa, 1.056 en todo el municipio). Lugares interesantes, como Albendiego (Guadalajara, 40 habitantes) o Campisábalos (junto a Albendiego, 56 vecinos), que rara vez existen para el imaginario colectivo pero por los que puede ser toda una experiencia callejear y, sobre todo, conversar con las pocas personas que te encuentres en tu camino.
Así que os animo a conocer este tipo de pequeños rincones de mundo y aumentar así no sólo vuestros conocimientos en geografía, sino también dejar buenos momentos para la memoria. Y, al mismo tiempo, os animo a no dejar que este blog muera en el olvido como lo han hecho tantos y tantos pequeños pueblos como los que he visto. Insisto en que ni su creador ni quienes le han ido dando vidilla lo merecen. Desde la distancia, sólo decir que la apatía se contagia, pero la actividad también. Confiemos en que comience a predominar lo segundo.
Saludos y hasta la próxima, que de una u otra forma la habrá.

