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El vuelo de la gaviota

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¿Qué te voy a decir yo?

 

Qué quieres que te diga, Ritxard. ¿Que me ofendí por la viñeta a la que enlazaba tu comentario en esta parrafada mía, esta parrafada nuestra –prometo que el toque ‘revival’ de los 70 ya pasó totalmente-, de la pasada semana? Pues oye, tampoco en demasía. ¿Que me lo voy a tomar con humor? Pues bueno, de aquella manera. No sé qué creer, si va con aviesas intenciones la dedicatoria, o qué, la verdad, pero supongo que, al igual que te has dado cuenta del mensaje que pretende transmitir la viñeta –lo que no puedo negar que consigue con acierto, vaya por delante- el que se encuentra por detrás del principal es un poco menos agradable.

 

Porque, si te das cuenta –fijo que te la das, no me cabe duda: si no, no habrías puesto su enlace- el personajillo que enarbola la enseña nacional no es un cualquiera que te puedas encontrar por la calle: es un estereotipo, al igual que lo son los otros que enarbolan las de algunas regiones españolas. Y no es un estereotipo cualquiera, qué va. Es un perfecto reflejo, fidelísimo además, de los (tardo) franquistas: pelo ‘pa’tras’, tirantes y azul mahón, ese azul tan mal llevado sin saber quién fue su iniciador, y esos conceptos tan… de aquella manera acerca de casi todo.

 

¿Qué sucede? ¿Quieres decir que el autor de ese artículo –o sea, yo- soy uno de ellos? Dilo, estás en tu derecho. Pero yo también lo estoy en decirte que te equivocas. Y de cabo a rabo, además. ¿Me vas a acusar de ser patriota? Hazlo. Y sin que te tiemble el pulso, la voz o ninguna otra cosa a la hora de hacerlo. Lo soy. Amo a mi patria como a lo que más en este mundo. Y ya ha quedado claro a lo largo de las semanas, de los meses y de las parrafadas por mí firmadas en este blog que no me escondo. Ni me esconderé. ¿Vas a hacerlo de ser derechista? Adelante. Porque tampoco te vas a equivocar. Ni tampoco pienso esconderme. Pero que no se te olvide una cosa: conservo dos dedos –incluso algo más- de frente. Y un cerebro en funcionamiento para llenar mi cráneo.

 

Ahora bien, si lo que pretendes es compararme a un franquista, allá tú. Porque te vas a equivocar. Los que me conocen en persona, al menos algunos, lo saben. No pienso dar aquí más explicaciones, dejándolo ahí.

 

Ah, y no dejaré de pensar que el excluir –o intentarlo- a amplios sectores de la población, principalmente por la lengua que hablan, o porque no lo hacen con otra determinada que el sector dominante quiere, es algo sectario. Lo más sectario que te puedes encontrar. Curiosamente, de los lugares en que se hablan lenguas diferentes –que tan ricas, si bien usadas, son- al español en esta nuestra patria, las tres regiones representadas por los personajillos de la viñeta es donde se da esa exclusión.

 

Y que eso no lleve, ni a ti, Ritxard, ni a nadie, a pensar que odio, o algo similar, a Galicia, al País Vasco o a Cataluña. Ni de lejos. Galicia es una de las tierras con mejores personas que he conocido, en País Vasco no se hartan hasta que estás saciado de comer –y de qué manera-, lo que se agradece, y en Cataluña, entre otras muchas cosas, está Barcelona, capital del mundo junto con Lisboa, para el gusto del que estas líneas está escribiendo. Sólo detesto, como ya he dicho antes, a la exclusión porque sí.

 

Otra cosa es que no quiera introducir términos de otras lenguas en español –aunque a veces ya no queda otro remedio-, lo que podría entenderse como desprecio a esos idiomas. No. No lo es. Quizá peco de ser excesivamente purista en el uso del español. Pero el hecho de no ser demasiado buen –por no decir nulo- conocedor de ninguna de las lenguas de esas regiones me hace reafirmarme en mi decisión de no usarlas mezcladas con el español, dado que lo que podría salir de ahí sería… a saber qué.

 

Sin entrar en la extensión del dominio de Internet en el que se aloja. Que se las trae. He ahí una muestra de sectarismo excluyente. Pero, allá ellos. De momento, Cataluña sigue siendo España. Al igual que Galicia y que el País Vasco. Aunque a algunos no les guste.

 

Encantado de haberte dirigido, a ti, lector de Diario de Periodismo, aunque no te llames necesariamente Ritxard, esta parrafada. Y a Ritxard, amigo de esta santa página –y no enemigo en absoluto de este tampoco santo articulista dominical-, sólo decirle que ahí queda, negro sobre blanco. Para su libre lectura.

 

Hasta el próximo domingo, queridos lectores.

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Vuelcos

Prácticamente una semana después de que el hecho ocurriese, lo que sin duda haría perder la calificación de puramente informativo a este texto a la hora de teclear estas primeras líneas que lo componen. Pero las ausencias de las últimas semanas en esta columna, unidas a la trascendencia de los hechos en sí, me hacen escribir sobre esto. Amén de que me han dicho que escriba sobre lo que me dé la real gana. Que, en definitiva, es lo que vengo haciendo cada domingo. Y que se agradece.

El hecho en cuestión es doble. Como ya se puede imaginar el avispado lector de este rinconcillo cibernético, no es otro que las elecciones a los parlamentos autonómicos de las comunidades autónomas del País Vasco y de Galicia. Concretamente, a los resultados de dichas votaciones.

Y, ¿para qué negarlo? el arriba firmante se siente tremendamente satisfecho con esos resultados. Principalmente, por un motivo, que no es otro que la expulsión pacífica, debida al hartazgo ciudadano, del nacionalismo de las esferas de poder de ambas comunidades. Cierto es que con muy diferentes matices en cada uno de los casos, pero no lo es menos que relacionados en buena manera entre sí.

En Galicia el BNG -¿por qué demonios se empeñan en pronunciarlo [benegá], cuando la ‘G’ se pronuncia en español como [ge]?- sólo había llegado al poder hace cuatro años, los que ha permanecido en el mismo en coalición con los socialistas de Pérez Touriño. Simplemente diré que la población gallega ha demostrado su hartazgo con que sus dirigentes se preocupasen en idioteces tan banales como la erradicación del español de la vida diaria –sin conseguirlo, por fortuna- o en dilapidar ingentes sumas monetarias en inventos como las ‘galescolas’. Si me equivoco, que me corrijan. Pero coto de castigo al fin y a la postre. En mi opinión, justo. El señor Quintana tendrá que esperar otros cuatro años. Como mínimo.

Por el contrario, en el País Vasco la situación es más pintoresca. Lo que parecía –a ojos del PNV- que se había convertido en su corralito particular, se ha acabado. Y por fin la mayoría de la sociedad vasca se ha atrevido a manifestar su sentimiento con las papeletas. Hartos de que les mangoneasen, los constitucionalistas se han alzado con el triunfo. Y con las últimas noticias, bastaría con el pacto PP-PSE para garantizar la gobernabilidad de las tres provincias vascas. Lástima que no estén gente como Ordóñez, Buesa, Múgica, Blanco y tantos otros para verlo. Al menos desde la tierra. Que desde donde estén, no me cabe duda de que lo han visto.

¿Triunfo de la razón? Desde mi humilde perspectiva, sí. Porque el nacionalismo excluyente ha sido vencido. Y sólo con la fuerza del voto. Del pueblo. De la gente. Contra la cerrazón. Contra la inutilidad. Contra el desperdicio de lo necesario en aquello que era absolutamente accesorio y prescindible. Contra la sinrazón.

Hasta la próxima semana. Que las gaviotas ya se van a descansar.

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¿Y cómo titulo yo esto? (¿y II?)

Tras un paréntesis la semana pasada debido a la enorme indignación provocada por cierto personaje en mi persona, retomo, como prometí en su momento, el tema que a muchos os sorprendió en la ‘gaviota’ de hace dos semanas.

Recordaréis –en caso contrario, el archivo del blog ahí está- que terminaba aquella parrafada analizando una parte de la letra del ‘Himno de Riego’, aquel valiente general español que durante tres años le plantó cara al rey felón, que luego pagó los servicios prestados con una humillación pública y una nueva invasión de los del otro lado de los Pirineos.

Y terminaba insinuando que el sentido de la letra del himno portugués es similar al de Riego, y al de otros muchos himnos. Que algunos se empeñan en calificar como belicosos, extremistas, y de otras tantas maneras.

Às armas, às armas!
Sobre a terra, sobre o mar,
Às armas, às armas!
Pela Pátria lutar
Contra os canhões [bretões] marchar, marchar!

Este es el estribillo. Llama a las armas, a dar todo lo que se tiene por la Patria (por ella luchar). Y, en principio, como ya veis entre los corchetes, figuraba bretones (ingleses) en lugar de cañones. En Portugal se sienten muy orgullosos de cantar este himno, os lo aseguro.

Heróis do mar, nobre povo,
Nação valente e imortal
Levantai hoje de novo
O esplendor de Portugal!

Entre as brumas da memória,
Ó Pátria, sente-se a voz
Dos teus egrégios avós
Que há-de guiar-te à vitória!

Las dos primeras estrofas del himno siguen siendo del mismo tono. Las demás, también, pero me ocupo de estas dos, dado que son las que se cantan en los actos oficiales. Recordando, sin tapujos y con mucho orgullo, el pasado, y pidiendo al futuro que sea tan bueno como fue aquel, sin olvidarlo, por supuesto.

Y es que el sentimiento de la Patria es algo que se lleva muy dentro. Ya sea una República, una Monarquía o una merienda de negros –las connotaciones racistas, para si alguien las quiere buscar, que vaya a otro lado a hacerlo-, o ya sea la persona de cualquier ideología de las numerosas –por suerte- que existen, tanto en este país nuestro como en cualquier otro.

Justamente, unos minutos antes de darle a la tecla este domingo he leído en un foro de la Red un comentario de un usuario al que no conozco personalmente, pero que es muy respetado allí. Venía a santo de que, una vez más, alguien había usada con excesiva ligereza, la palabra ‘fascista’, para referirse a algo que ni por asomo lo es. Y se quejaba este señor –con razón, según alcanza a juzgar este relator dominical- de ello:

Así, eres fascista si aceptas la bandera constitucional, si se te ocurre leer tal periódico u oír tal emisora; eres fascista si acudes a los circuitos para apoyar a nuestras figuras del motociclismo, o si te alegras de los triunfos de R. Nadal o del éxito de P.Gasol

Para pasar a continuación, y con un sutil toque de ironía que al arriba firmante le ha parecido de lo más adecuado que se ha llevado a la vista últimamente, a la explicación histórica:

Quizá no sepan estos dogmáticos que las palabras “patria” o “España” eran de uso común –y afectivo- en las obras y discursos de “fascistas” de la talla de Miguel Hernández, Pablo Iglesias, Rafael Alberti, Dolores Ibárruri, Gabriel Celaya, Enrique Líster, F. García Lorca, Pablo Picasso…

He recurrido a palabras de otra persona, porque en este caso me sirven a la perfección para expresar lo que ya comenté en la primera entrega de este artículo, y que hoy me apetecía extender. Porque sí, básicamente. Ya que me han dado carta blanca para escribir aquí lo que me apetezca o lo que se me ocurra, pues la aprovechamos.

Quizá el domingo que viene también hable de esto. Quizá no. Como hasta entonces no lo sabremos, las gaviotas se despiden ya. Que paséis una feliz semana.

Hasta el próximo domingo.

(desde aquí, mis agradecimientos a “Vacceo Plus”, usuario de la página “blanquivioletas.com”, a quien le he tomado prestados dos párrafos de uno de sus comentarios)

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Dando candela a árbitros chulos

En primer lugar, debo pedir disculpas a los lectores, dado que esta semana en las previsiones iniciales estaba que el arriba firmante publicase la prometida segunda parte de “¿Y cómo titulo yo esto?”. Pero los hechos que el mismo sujeto ha vivido en las últimas horas me llevan a cambiar radicalmente de tema para la parrafada dominical de este primer día de febrero. Vamos a ello.

Situación: un polideportivo de la ciudad de Valladolid. Dos equipos de Tercera división provincial dispuestos a enfrentarse en el encuentro de la 12ª jornada. Sin rivalidades de ninguna clase entre ellos. Siquiera entre algunos jugadores determinados, que así podría haber sido. Nada de nada. Y el partido que comienza, puntual, con el aludido en el título dirigiéndolo. Hasta ahí, todo bien. Incluso hasta el descanso. Exceptuando los típicos errores que todos podemos cometer, pero sin más.

La situación se torció a la vuelta al terreno de juego. El equipo local se había ido perdiendo por 0-3, y en apenas 7 minutos consiguió igualar el partido. Quizá al hombre de negro le pareció que no podía ser, y que iba siendo hora de cobrar protagonismo por encima de los 10 que estaban en la cancha dispuestos a jugar lo más limpio que les era posible.

Con las mismas, cada protesta se convertía en amenazas y discriminaciones personales hacia quienes osaban poner en duda su –al parecer- incuestionable autoridad. De ahí al siguiente paso, que fue el mostrar una tarjeta amarilla a cada protagonista que se atreviese a abrir la boca, transcurrieron apenas un par de minutos. Pero antes de pasar a este fragmento de la historia, veamos –por aquello de que su excelentísima señoría quizá se puede mosquear- qué definición da el DRAE sobre chulo. Y si le retrata o no:

chulo, la.

(Del mozárabe šúlo, y este del latín sciŏlus, enteradillo).

1. [adj.] Que habla y obra con chulería. (vaya que si obró con ídem)

2. rufián (que el mismo DRAE define como Hombre sin honor, perverso, despreciable. Y es que cuando alguien no muestra honor, es lo que es. Un perfecto rufián).

Dios santo. Ya sabía que el DRAE es exacto, pero no que lo era en tal modo. Una nueva razón para amar esta lengua que me sirve para dirigirme a todos vosotros cada domingo.

¿Es motivo de expulsión el llamar a alguien ‘mentecato’? Quizá, dado que se convierte en muy probable que este inepto personaje desconociese el significado de una de las palabras que, a mi juicio, conforman el capítulo de las más bellas de entre las descalificaciones. Por si acaso, estimadísimo chulo, te muestro qué es lo que significa ese término, recurriendo nuevamente a la que limpia, fija y da esplendor al español:

mentecato

(De mentecapto).

1. [adj.] Tonto, fatuo, falto de juicio, privado de razón. 2. [adj.] De escaso juicio o entendimiento.

Nuevo acierto para el DRAE. Porque el entendimiento mostrado por semejante personaje, una vez se sintió insultado, fue absolutamente nulo. Probablemente estableciese un nuevo récord en cuanto a rapidez de amonestaciones. Siete (sí, siete) en apenas cuatro (sí, cuatro) minutos. Fíjese el avispado lector si quien le llamó mentecato tenía razón: hasta tal punto se ofuscó que no recordó que una doble amonestación se convierte en expulsión. Qué cosas, oigan.

Lo más grave, pese a todo, llegó a la conclusión del encuentro. Agresiones inventadas. Supuestos impedimentos para redactar el acta igualmente fruto de la imaginación de nuestro estimadísimo chulo. Secuestro de documentación del partido, porque al personaje en sí le apeteció, llevado a cabo. Enfrentamientos ¡con los espectadores! del encuentro, también. En estas, que llegó la Policía. Y el chulo se salió con la suya, saliendo incluso escoltado. Lástima que no ocurriese como en la historia que narra el maestro Pérez-Reverte en el artículo que ha inspirado el título de esta parrafada (“Estrangulando a capitanes chulos”) y no estuviese por allí el alcalde de Zalamea para poner las cosas en orden.

Porque el chulo no hizo sino lo que sabe: abusar de la supuesta autoridad que el puesto de presidente de la ¿federación? ¿casa de lenocinio? que organiza la competición le confiere. Sí, han leído bien. Hasta el presidente arbitra. Quizá es que, con aquello de que las sanciones deportivas tienen su reflejo en cantidades monetarias, ha decidido maquillar los resultados, para que la crisis se note un poco menos. O para lo que a nuestro árbitro chulo le apetezca.

Ah, una cosa para finalizar, querido chulo. Una advertencia, en principio, aunque si te llevas estas líneas a la vista tendrás la desfachatez –que de esa te sobra, te lo garantizo- de decir que amenaza: no vuelvas a llamar al arriba firmante hijo de mujer pública. (no con palabras educadas, sino como lo hiciste). No vaya a ser que salgamos en los papeles, en lugar de en un blog. Te lo digo, simple y únicamente, por si acaso.

Hasta el próximo domingo, estimados lectores.

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¿Y cómo titulo yo esto?


La verdad es que llevo un rato dándole vueltas al teclado sin saber qué título colocarle a esta nueva parrafada dominical. Es más, a la hora de teclear estas primeras palabras me temo que aún no sé qué decir ni de qué tratar en ella. Bueno, miento. De qué tratar sí que lo sé.

No es un ejercicio de limpieza de conciencia, ni mucho menos. Gracias a Dios, considero que mi particular Pepito Grillo recibe su ducha diaria, con lo que está bastante adecuadamente aseado. Tampoco es una justificación. Quizá esa tenga que darla por la posible incomprensión que suscite la postura que expresaré a lo largo de las siguientes líneas. De antemano pediré disculpas por ello y por la posible inconexión que se pueda dar entre ideas, dado que el artículo va a ir tal cual salga de los dedos del arriba firmante. Por tanto, vamos a dejarlo en una especie de lo que los hijos de la Gran Bretaña llaman ‘disclaimer’. O como quiera que lo llamen. Ellos o quien sea.

La cuestión es que la bombilla para darle a la tecla se me ha encendido escuchando una canción determinada. Histórica, muy histórica. Y me ha hecho pensar en la historia de este terruño que hoy nos cobija a los 45 millones y pico que somos. No me ha sido necesario, ni mucho menos, remontarme a siglos atrás. Con quedarme en el último, me ha bastado.

Y dándole a las neuronas, he llegado a una conclusión. En España hemos sido tremendamente brutos. Desde siempre. Desde que Goya nos dibujó enterrados hasta los corvejones y con sendos garrotes. Desde que parece que le cogimos gusto a enfrentarnos en guerras civiles –recordemos, tres en el siglo XIX y la mayor de ellas, la que muchos llaman ‘guerra incivil’ en 1936-. Desde que aquí no se perdona la menor.

Qué buena definición la de guerra incivil. Ciertamente. Recuerdo a Ortega –por lo que me han contado, que no soy un octogenario, como bien sabéis la mayoría- diciendo que la II República no era “esto”. Aquello no lo era. Y, mucho me temo, sigue sin serlo. Si la bandera tricolor hubiese sido tendida antes para que todos se agrupasen en torno a ella, es posible que todo hubiese cambiado. Si se tendiese hoy para que muchos se acercasen a ella, es probable que la concepción que se tiene del republicanismo en este país fuese distinta. Correcta, en muchos casos. Porque, si en algo puedo estar en desacuerdo, es en que el republicanismo es exclusivo de la izquierda. Eso es pensar con cualquier parte de cuerpo diferente al cerebro. Aunque algunos segmentos de población, grupos o como quiera que se diga parezcan empeñados en darle a la idea.

Igual pasa –que no se me pasa a mí- con la derecha. Que se puede ser de derechas, y no tenerle fobia a un sistema de gobierno diferente al existente hoy en día. Pero, bueno, como ni con unos ni con otros vamos a resolverlo…

Decía al principio que esta reflexión viene causada por una canción. Es probable que sea recomendable que os diga ya cuál es. Para asombro, me temo, de más de uno. Ni más ni menos que de ‘Himno de Riego’. Ojo, que la Historia puede ser traicionera, como he visto por ahí, y meter en el portal de vídeos un montaje con las notas de este himno en el que aparezca tranquilamente Karl Marx, como si hubiese tenido algo que ver en el levantamiento en contra del rey felón.

Y me ha dado qué pensar este viejo himno por un motivo muy sencillo: su letra. No excluye a nadie. Es una letra de amor a la Patria. Sí, ese concepto que las mentes simplistas de hoy en día parecen querer asociar únicamente al franquismo, pero que en realidad se puede disociar completamente y sin miedo a que se rompa. Quizá el único peligro que puede correr en ese caso es su fortalecimiento. Pero, a lo que iba.

Serenos y alegres
valientes y osados
cantemos soldados
el himno a la lid.
De nuestros acentos
el orbe se admire
y en nosotros mire
los hijos del Cid.

Para arrancar, ocho versos en plan declaración de intenciones. Orgullosos de ser quienes somos. Orgullosos de que el mundo nos mire. Volviendo la vista atrás a nuestra Historia, sin avergonzarnos de ella. Ay, si hoy fuese así…

Soldados la Patria
nos llama a la lid,
juremos por ella
vencer, vencer o morir.

Más de lo mismo. Amor a la Patria. Sin excluir a nadie. Todos bien recibidos.

La trompa guerrera
sus ecos da al viento,
horror al sediento,
ya ruge el cañón
a Marte, sañudo,
la audacia provoca
y el ingenio invoca
de nuestra nación.

Esta estrofa ya busca exaltar el espíritu. Que es lo que cabe esperar de un himno. Aunque algunas mentes preclaras de nuestros días no tendrían, sin duda, reparos en calificar estas letras, como mínimo, de extremistas. Por aquello de que llaman a recordar el pasado, sin tratar de edulcorarlo. Pobrecillos, si le echasen un vistazo al himno portugués…

Dado que esto se va alargando más de la cuenta, la semana que viene, más. Los comentarios, perplejidades, observaciones, curiosidades y andanadas a la línea de flotación serán bienvenidos en la sección de comentarios.

Hasta el próximo domingo.

PD: He de pedir disculpas por la no publicación de ‘Con la mochila a cuestas’ el pasado jueves. Los exámenes y trabajos diversos que nos tienen cogidos por todos lados lo convirtieron en misión imposible. Trataremos de volver a la regularidad prometida lo antes posible.

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Sobre ciertas pasiones

Atípica. Creo que esa puede ser una buena calificación para la serie de líneas que en esta mañana dominical dejo aquí para su lectura. Básicamente por el tema, pero es que el cuerpo me lo lleva pidiendo toda la semana, y no podía decirle que no. Por el componente periodístico que tiene, pero también por otro componente, como es el esperpento. Que también ha sido de calidad en este caso.

Una institución con más de 100 años de historia, respetada –y, a la par, envidiada y odiada- en todo el mundo, y de la que se presupone sólo puede ser dirigida por unas personas mínimamente capaces, y con una serie de cualidades. Obviamente, éstas deben ser diferentes a la falsedad, el amiguismo, la manipulación y el aferrarse al sillón con las dos manos y hasta el instante final.

Estoy prácticamente seguro de que todos hemos adivinado de qué estoy hablando. En siglas, del RMCF. En nombre completo, del Real Madrid Club de Fútbol. Los que conocen a quien firma estas líneas saben que es una de las pasiones del individuo en cuestión –vaya que si lo es-. Y, en el caso de que no lo fuese, sería algo que merecería mi respeto por lo señalado un poco más arriba. Más de cien años. Prestigio y reconocimiento a nivel mundial. Los mejores jugadores de la cosa vistiendo su zamarra a lo largo de las décadas. Un auténtico mito a su frente durante 35 años. Y tantas otras cosas.

Precisamente a esa persona se ha hecho referencia en numerosas ocasiones a lo largo de la semana que hoy termina. Don Santiago Bernabéu de Yeste. El gran patriarca blanco, en el sillón presidencial desde 1943 hasta su fallecimiento en 1978. Las más veces, estas referencias han sido acerca de su hipotética resurrección. Y sobre las medidas drásticas que habría tomado. Que Don Santiago sería un caballero, pero de tonto, ni un pelo.

Todo lo contrario al sujeto que acaba de marcharse con viento fresco. Reconozco que me engañó. Me dije “un tipo con esa cara de buenagente no puede ser malo”. Y las dos Ligas. Mérito, ojo, de los jugadores, de los que se baten el cobre sobre la alfombra verde del Paseo de la Castellana. No de él, que nos engañó a todos, pobres incautos. ¿Para qué nombrarle? Lo mismo se nos viene abajo el blog, y no merece la pena que esto ocurra. Márchese, usted. Y no vuelva, por favor. Ni siquiera a la grada. O a ver al Madrid por la tele. Que eso no puede ser bueno. El que lo vea usted, no que lo veamos los demás. Como no tenemos abonos regalados…

La parcela deportiva, a Dios gracias, está bien cubierta. Una plantilla que podría haberse hecho de otra manera, que necesita algún retoque para la próxima temporada, pero que considero que puede pelear, y muy dignamente, por los dos títulos que quedan en juego. He de reconocerlo, que remontar la diferencia de puntos que el FCB le lleva en la clasificación sería cuando menos heroico. A la par que histórico. Básicamente por la cantidad de bocas que se callarían. Pero, si con sinceridad he de responder, prefiero que las orejudas de la sala de trofeos sean 10. Que llevamos ya demasiados años con 9. Y no se llama al Real Madrid “rey de Europa” por cualquier motivo. Se le llama porque lo es.

Dicen que el nuevo mandatario de la casa blanca va a tratar de reconducir las cosas. Mejor dicho, lo dice él en el principal diario deportivo de este país, en una extensa entrevista hecha por el jefe de quienes han destapado el escándalo. Ojala sea verdad. Que las elecciones del próximo julio sean limpias. Que salga quien tenga que salir. Y que el nombre del Madrid vuelva a infundir miedo en toda Europa, con sólo oírlo pronunciar. Porque el respeto aún no lo ha perdido. Ni lo perderá jamás.

Quizá debería, para concluir, pedir excusas por el panegírico dedicado a mi equipo. No lo voy a hacer. Porque no es una afición. Es un sentimiento. Es una pasión.

¡Hala Madrid!

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De récord

Dicebamus hesterna die, o decíamos ayer, como Fray Luis de León al retomar sus clases tras salir de la cárcel de la Inquisición –precisamente en Valladolid, en la calle que hoy lleva su nombre- algo relacionado con esta parrafada dominical que hoy nos ocupa. Bueno, precisamente ayer no, sino a mediados del mes pasado. Sin querer compararme a uno de los más grandes autores de la historia en lengua española –ni por asomo, faltaría más-, la frase en cuestión me sirve.

¿Y qué es eso que decíamos ayer? Nada más y nada menos que hay ocasiones en que las canciones tienen razón. Concretamente ‘Tranquilo majete’, de mis admirados Celtas Cortos. Más razón que un santo, oigan. El paro en España ya va por el tercer millón. Sobrepasado con creces, más bien. Unas creces que hacen que se sitúe en torno a los 3.200.000 personas apuntadas a las listas del INEM. Y que éste haya cubierto, mucho antes de tiempo, la partida presupuestaria para abonar la prestación por desempleo. De 10, oigan.

Máximos históricos ha batido el Gobierno en este 2008 que se acaba de terminar. Sólo por detrás del gravísimo colapso de Weimar, que todos sabemos a qué infaustos tiempos dio lugar.

Pero lo más grave no es nada de esto. Ni el máximo histórico. Ni los tres millones. ¿Qué es, en tal caso?, se preguntarán los lectores. Pues bien, la respuesta es doble. Son dos las cosas más graves. Una, que hace un año el presidente de la eterna sonrisa, al que nada parece importarle, dijo que el paro se iba a acabar. Concretamente, que ‘la lacra del paro iba a terminar’. Con la paciencia de la gente, le faltó añadir. Qué capacidad de previsión. Qué visión de futuro. Inabarcable con palabras del DRAE.

La segunda, que ese mismo presidente de la eterna sonrisa dice que desde marzo las cosas van a mejorar. Todo, porque se ha sacado de la manga un plan para poner a gente a picar en las calles. Y sin darse cuenta de que eso es el mismo empleo temporal que dijo que iba a tratar de disminuir. Porque, ¿qué hará cuando se terminen las obras? ¿Ordenar rehacerlas? Pan para hoy, hambre para mañana, que se suele decir. Pocas veces mejor aplicada la frase en cuestión. En líneas generales, lo peor es que el optimismo le ciega. Todos pronostican que 2009 va a ser uno de los peores años que se recuerdan en cuanto a la Economía. Pero nada, nos conformaremos con las previsiones del sexagenario ministro de la anterior crisis –sí, Solbes ya tiene 66, una buena edad para jubilarse- y de su jefe.

No me lo creo. Por nada del mundo. Sólo creeré si me dicen cifras concretas que no se atreven a sacar desde el Ministerio de Economía. Por ejemplo, la previsión de que se alcancen, por primera vez en la historia, los cuatro millones de desempleados. Algo que el ministro Corbacho dice que no va a pasar. Por ende, la experiencia nos dice que si un miembro dice que algo no va a pasar, ocurrirá. Por el contrario, si dicen que no ocurrirá, pasará. La ley de Murphy aplicada a la piel de toro. Para desconcierto de todos, cabe añadir.

Esperemos que me equivoque, y llegue el día en que me podáis restregar esta parrafada dominical. Las gaviotas quedan al tanto de ello. Pero me temo que va a ser que no.

Y, pese a todo, que el 2009 sea un buen año para todos vosotros. Nuestros mejores deseos –de las gaviotas y míos propios- para la recién estrenada vuelta al Sol.

PD: Quizá alguien haya quedado decepcionado por no haberme ocupado esta semana en la parrafada dominical de la situación de Oriente Próximo. Y no lo he hecho muy conscientemente. Ya habrá otros domingos para ello. Que va para largo. Como el paro en España.

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Premio a la sabiduría

Recibía el pasado martes una de las noticias más gratas que recuerdo en los últimos tiempos acerca de concesiones de premios, sin que tengan que ver con cine, música o espectáculos de la farándula diversos.

No, no me han dado ningún premio. Y menos, como reza el título que hay en la parte superior, a la sabiduría. De eso, poco hay aún. Aunque no es plan ponernos a divagar sobre la materia en estas líneas dominicales, que van dirigidas a otra persona que sí ha recibido ese premio y sí que acumula dosis ingentes de sabiduría.

Me refiero al ganador de la última edición del Premio Nacional de Periodismo ‘Miguel Delibes’, quien no es otro que Antonio Álamo, profesor de este que os habla en dos de las asignaturas de las que he cursado con el fin de algún día poder llegar a ser periodista.

A lo largo de los años que llevo por el mundo me he encontrado con mucha gente. Un cierto número de esa gente podría encuadrarse en una agrupación de sabios –también mujeres, pero no voy a ser tan cetrino como los políticamente correctos defensores de la desigualdad de nuestros días, y usaré el género neutro, tal como se ha hecho desde tiempos inmemoriales en el idioma español-, y Antonio es uno de ellos. Sin desmerecer a nadie, probablemente sea de los que están en el grupo de cabeza.

El premio se lo han dado por su defensa de la corrección en el uso del idioma que hace que todos nos podamos entender sin problemas. Algo que, doy fe, hace. Y muy bien, por cierto. Pero ese componente de ser capaz de transmitir y enseñar qué es esta santa profesión –como bien dice otro que bien podría pertenecer a la agrupación, por su experiencia y años delante de los micrófonos, José Mª García- más allá de la propia sabiduría, es lo que hace al nuevo premio Delibes alguien inigualable como profesor, añadiéndolo a que ya lo es como persona.

Por Dios, que nadie trate de establecer juicios evaluativos o comparativos, que si casi siempre sobran, no iba a ser menos en esta ocasión. Sobran. No estoy diciendo que el resto de compañeros de profesión de Antonio en la Facultad, es decir, el resto de nuestros profesores, no sean buenos. En absoluto. Básicamente, porque mentiría al decirlo, sobre personas como los doctores Almuiña o Pelaz, o tantísimos otros. Que no voy a mencionar aquí para evitar que esta parrafada dominical se asemeje a un suplemento de la guía telefónica.

Una cosa hay que remarcar. Que el premio que le han dado a Antonio es por una apasionada defensa del idioma. Pero que también lo es por una, no menos apasionada, defensa de sus pasiones (verbigracia). Al menos, de dos de ellas, como son la música norteamericana de los años sesenta y la armónica. Y que alguien sea capaz de defender, con tal punto de elegancia, sus pasiones junto con el idioma, es algo que bien merece un premio.

Enhorabuena, Antonio. Te lo mereces.

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Cuando las canciones dicen verdades

Hay hasta ocasiones en que ocurre. Que las canciones dicen más verdades que algunas personas. O que la realidad misma. Parece complicado que se dé esta especie de silogismo, pero así es.

Incluso, hay algunas que no cambian, porque no se puede, su significado con el paso del tiempo. Que se dedican a una cierta persona, a recordarle que algo no va bien, pero que, años más tarde, conserva plenamente su vigencia. O, incluso, reforzada.

Doy por seguro, y sin demasiado temor a la equivocación, que, si por el momento no habéis aún discernido de qué canción hablo, os vendrá a la mente sin demasiados problemas en el momento en que es diga que su autor se apellida Hernández. ¿Aún no? ¿Y si os dijera que su segundo apellido es Cifuentes? ¿O su nombre Jesús? Me da que es ahora cuando ya no quedan esas dudas.

Tranquilo Majete, una canción que dicen que el Cifu dedicó a un personaje muy conocido de su momento –recordemos que está escrita en 1993-. ¿A quién? Las malas lenguas dicen que a Felipe González. Y al resto de su gobierno.

Pero os venía diciendo que esta canción no es que conserve su vigencia en la actualidad. La ha ampliado, y con creces. Si no, echadle un vistazo a esta estrofa:

Si en España el aumento del paro

ya va por el tercer millón

y si el campo se va a la mierda

y el poder huele a corrupción…

Vaya si lo conserva. En España hemos superado en las últimas fechas la cifra de tres millones de parados. El campo no es que se vaya a ir a la mierda, como sugieren los Celtas en su tema. Es que ya se ha ido. Y a ver quién lo saca de ahí. ¿El poder? Puede que no el central, pero que pregunten por Marbella, o por Coslada, a qué huele. Me da que ya sabemos todos la respuesta.

Si estudiar vale para poco

al buscar tu colocación.

Si los bares los cierran pronto

porque hay que ser europedos.

Si para alquilar una casa

tienes que empeñar un riñón…

Una muestra más de cómo la canción sigue en ello. Prácticamente, sin comentarios. Estudiar cada día tiene menos salidas al mundo laboral. Quién sabe si Bolonia, pero eso es harina de otro costal. Lo de los bares… pues una más de tantas. Europeos. Y las casas… a este paso, ni vendiendo medio hígado, me temo. Ni con eso como fianza se alquilarán cualquier día.

Pero no ya sólo Tranquilo Majete es la que conserva el significado. Es que es una curiosa coincidencia que quien estaba al frente del sector económico de este país en 1993 y quien lo está ahora son la misma persona. Pedro se llama. Solbes se apellida. ¿Coincidencias? No, no lo creo. Que las dos peores etapas de crisis de este país se hayan producido con él al frente no pueden ser casualidad. Algo se está haciendo mal. Y seguro que hay maneras de mejorarlo.

Al menos, desde 1996 y en los años siguientes, se supo cómo hacer engordar a las vacas flacas. ¿Volveremos a verlo? A ver engordar las vacas, quiero decir. Al paso que va la cuestión… prefiero ni pensarlo.

Nos vemos el próximo domingo. Quizá en los bares. Disco imprescindible de el Cifu y compañía que voy a escuchar en estos momentos.

Posdata: Disfrutad del videoclip.



El vuelo de la gaviota

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30 años y un día

Aunque suene a antigua condena carcelaria, probablemente hoy es la mejor fecha en la que cualquiera en este bendito país puede referirse a semejante periodo de tiempo. Nunca más lejos de una condena, sino que se refiere tan sólo a la época más duradera a lo largo de nuestra complicada, larga, convulsa, y, ¿por qué no?, rica historia en la que hemos vivido en paz.

Quizá me quedo algo corto cuando me refiero tan sólo a los 30 años que han pasado desde el 6 de diciembre de 1978. Porque, con ello, quedarían omitidos los grandes esfuerzos de la persona que mejor encarna en sí la voluntad de reforma y de romper con un pasado sin salirse de los cauces de la legalidad en ningún momento. Me refiero, como todos sabrán, al segundo presidente del Gobierno en democracia –pese a todo, no podemos obviar a Arias Navarro, que ahí estuvo tras la muerte del dictador pequeñajo con bigote-. No es otro que al que el destino le ha deparado uno de sus más amargos giros en forma de Alzhéimer, Adolfo Suárez.

Y no sólo Suárez, sino otra de las personas, que junto a él, a Juan Carlos I (que rompió con las cadenas del Régimen), a Fernández Miranda (decidido dinamitador del búnker), o incluso Carrillo (aceptando la rojigualda para el PCE), y a tantos otros a los que se han tributado numerosos –y muy merecidos, no quepa duda- homenajes por su labor en la postrer hora de la dictadura y en los primeros y titubeantes pasos de la democracia. Decía que hay otra persona a la que se ha olvidado, si no sistemáticamente, sí demasiado a menudo en estos homenajes. Esa persona no es otra que el único que junto a Suárez aguantó de pie al golpista Tejero. Esa persona es el general Gutiérrez Mellado. Vayan desde estas líneas mi más sincera muestra de homenaje y reconocimiento.

La voluntad de entendernos sin destrozarnos -¿les suena de la canción?- es la que hizo posible que hoy seamos quienes somos. Y que seamos como somos. ¿Quién podía imaginar, siquiera cuando se supo en 1969 que a la muerte del ‘centinela de occidente’ tendríamos un rey, que sólo 9 años más tarde seríamos suficientemente dueños de nuestro destino como para decidir sobre él? ¿O que se sentarían a la misma mesa para elaborar el código que lo regiría un representante de la derecha, tres del centro, uno del socialismo, un comunista y un nacionalista? Puede que, a riesgo de que suene exagerado, lo mejor que le ha pasado a la ‘piel de toro’ en unos cuantos siglos.

Quizá esta parrafada dominical se queda un tanto más corta que otras semanas. Pero, de verdad, creo que es más que justa para agradecer a tantas personas sus empeños, esfuerzos, dedicación y trabajo para permitirnos ser quienes somos. Sólo puedo decirles gracias.

Y que dure. Trescientos mejor que treinta.

De arreglarla, ya habrá tiempo de hablar. Que hoy es un día de fiesta. No de condena.

El vuelo de la gaviota

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Sin respuesta. Por ahora

Es muy probable que esta parrafada dominical debiera haber sido escrita hace una semana. Al igual que es, no ya muy probable, sino que mucho más que seguro, que los hechos a los que me voy a referir jamás debiesen haber ocurrido. Han pasado ya 19 años desde aquello, pero los interrogantes siguen, como podéis ver en el título, sin recibir ninguna respuesta.

El 16 de noviembre de 1989 un grupo de fanáticos vestidos con el uniforme del ejército de El Salvador decidieron actuar contra la Humanidad, contra la Justicia y contra tantos otros valores que, en principio, se suponen inherentes a las personas, y asesinaron a tiros en la Universidad Centroamericana (UCA) a su rector, Ignacio Ellacuría, así como a otros cinco jesuitas –entre los que se contaban Ignacio Martín-Baró y Segundo Montes, ambos vallisoletanos- y a dos mujeres encargadas de diversas labores en la Universidad.

¿Su delito? Imagino que el llevar la contraria a los que ansiaban con todas las ganas el poder. El tratar de hacer que los pobres lo fuesen un poco menos. El alentar la rebelión contra la bota que pisaba el cuello de los salvadoreños. El llevar la Teología de la Liberación a las gentes centroamericanas. Ciertamente, un delito de extrema gravedad por el que ser asesinados a sangre fría. Al igual que el de otro jesuita, también asesinado a sangre fría y también rector de la UCA, Rutilio Grande, el predecesor de Ellacuría. Pensándolo bien, quizá el delito fue tratar de educar a las gentes.

Esto viene a cuento porque, tras todo este tiempo sin que nadie haya movido un solo dedo en El Salvador para castigar a los responsables de la masacre –los autores materiales de los disparos fueron absueltos en una pantomima, digo juicio, celebrado entre 1991 y 1992- ha sido presentada una querella en la Audiencia Nacional para que se tomen cartas en el asunto. Quizá sea verdad que la esperanza nunca se pierde.

No sirve la excusa de que en ese momento había guerra en El Salvador. No sirve ninguna otra excusa. ¿Qué daño pudieron hacer? Es algo que se pregunta mucha gente, día tras día, año tras año, y que, eso sí, quedará sin respuesta. Per saecula saeculorum.

Teología de la Liberación... una de las grandes desconocidas de la Iglesia Católica. Desgraciadamente, así es. Una corriente de pensamiento que, sin apartarse del mensaje de Cristo –es más, acercándose totalmente a él y a Él- ha permitido que muchos de los más pobres de entre los pobres tengan algo por lo que luchar. Y que muchos de los que han hecho que esa intolerancia ante los abusos no puedan contarlo ya. Ellacuría, Montes, Martín-Baró, Grande, Romero... Son tantos y tantos los nombres...
¿Alguien se imagina que la población de un país se apiñe en torno a los receptores de radio que haya en las casas para escuchar una homilía de más de hora y media de duración? Sí, así ocurría con las de monseñor Romero, en las que no dudaba en acusar, abiertamente, a los que creían tener el poder en El Salvador. A los mismos que hicieron que, en medio de la consagración, un disparo directo al corazón acabase con su vida. Indudablemente, el asesino no ha sido juzgado. No vaya a ser que la Justicia sirva para algo, claro.

Puede que la demanda que ahora se ha interpuesto jamás llegue a buen puerto. Puede que los asesinos de los seis jesuitas y las dos mujeres de la UCA nunca sufran el peso de lo que deben pagar por sus crímenes. Puede que el asesino de monseñor Óscar Romero nunca sea siquiera encontrado. Pero no cabe duda de que, algún día pagarán por lo que hicieron.

El Jesús histórico, indefenso aunque juzgado, no fue muerto por confusión de sus enemigos, sino porque era una amenaza contra el orden social establecido


Ese era el mensaje de Ignacio. De aquel que, con saña, vio cómo su cabeza era brutalmente destrozada por las balas asesinas. Por denunciar, en 1976, a los poderosos.

Ellacuría. Montes. Martín Baró. A. López. Moreno. J. López. J. Ramos. C. Ramos. Romero. Nombres que, nadie lo dude nunca, perseguirán por siempre a los que les asesinaron. Por ellos. Y por la Justicia.

Posdata: En la edición del diario El Mundo de ayer, sábado 22 de noviembre, el actual rector de la UCA y sucesor de Ellacuría, José María Tojeira, deja claro cuál es su deseo y el de todos los que pudieron compartir parte de su vida con estos auténticos mártires:

Bastaría con obligar a los responsables del asesinato de Ellacuría a trabajar dos años en el campo como pobres.


Por si a alguien le quedaban dudas.

Hasta la próxima semana.

El vuelo de la gaviota

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Lo que se ve desde el cielo

Dicen que la única obra humana de construcción que se puede divisar desde la Luna es la Gran Muralla China. Puede ser, ya que yo, ni he estado por la Luna para comprobarlo –siquiera por China-, ni tengo planes de ir próximamente. Lo que sí que sé es que, quizá no desde la luna, pero sí desde los programas informáticos con fotos de satélite se ven otras muchas construcciones humanas. No da tanto caché el verlo desde tu ordenador como el decir que has estado pisando ese cacho de pedrusco de ahí arriba, pero me conformo con ello.

Y son también muros algunas de las construcciones que he visto en fotos de satélite. Como los que ha colocado el vecino del sur en sucesivas ocasiones para irse apropiando de lo que no es suyo. Es decir, del territorio del Sáhara Occidental. Porque ellos creerán que no, pero se ven. Cuesta encontrarlos, pero al final, si uno se deja un poco los ojos en la pantalla, aparecen.

Todo esto viene a cuento de cierta manifestación que tuvo lugar en la tarde de ayer en Madrid. Con una pancarta sujetada por pancarteros, como no podía ser de otra forma. Y, de entre ellos, ‘gente del espectáculo’, como les gusta hacerse llamar. Cosa sorprendente, por cierto. Básicamente, debido a que se comprueba que hay gente que no parece sentirse completamente realizada en caso de no llevar una pegatina puesta en la pechera. Si para ello hay que hacer el ganso –con mis respetos a este género de animales- hasta en la televisión, se hace –ver finales del año 2003, gala de los premios Goya, más o menos-, se hace. Y si hay que ponerse la bandera del Sáhara, reclamando su libertad sin tener demasiada idea sobre el tema –como me temo que tendrán gentes como ‘Fran Perea’ (con comillas, que si no me toca llamarle Francisco y se le estropea el personaje, que no la calidad como hombre del espectáculo, de sobra dañada ya) y demás acólitos- pues bien.

Porque esa falta de ideas quedó de manifiesto en las declaraciones del personal perteneciente a diversos partidos políticos allí presente. Entre otros, Pedro Zerolo, que manifestó que su partido “ha mantenido la misma postura durante muchos años”. Igualito que los ‘cien años de honradez’, vamos. Pedro, antes de hablar, entérate. Que Felipe, cuando estaba de oposición a la UCD sí que apoyaba la independencia de los saharauis, pero a partir de ahí se convirtió en un valedor más del amigo Hassan. Y, ahora, Rodríguez no hace sino continuar en esa línea con su apoyo a Mohamed. ¿Tendrán algo que ver las vastas propiedades que dicen que el ex presidente del Gobierno tiene en territorio marroquí? En conclusión: que de misma postura a lo largo de muchos años puede que no sea tan mentira, porque, quizá, Zerolín se refiere a los últimos dos o tres. Que puede ser, oigan. A lo mejor su memoria historiográfica no da para mucho más.

Algo ocurre en este domingo, que me pilláis sin demasiadas ganas de arrearles estopa. La verdad, es un tanto ridículo verles en el escenario, sobre todo diciendo que ‘el problema puede arreglarse ¡en unas pocas horas! –Rosa María Sardá, Maribel Verdú (por Dios, Maribel, tú también...) y Verónica Forqué dixit-. Quizá este grupo de mentes preclaras son capaces de solucionar en unas pocas horas lo que no se ha conseguido en más de 30 años. Pero, oye, que todo puede ser.
Toca entonar el ‘mea culpa’. No por parte del que escribe –o quizá sí, a saber- esta parrafada, sino por parte de esta España mía, esta España nuestra, que decía la cantante allá por los 70. Porque, y en eso sí que llevan la razón los pancarteros –más que ellos, los saharauis que convocaron la marcha-, en el 76 les abandonamos. A su suerte, de mala manera. Que el Polisario se había dedicado a luchar contra nuestras tropas, pues sí, es cierto. Pero, que tras ello, se dedicó a defenderse de Marruecos, primero, y de Mauritania, después –con dispar resultado en cada uno de los casos- es cierto. Y que nosotros debíamos haberles echado una mano, también.

Pero, en cambio, nuestras tropas fueron –mandadas por la gente de muy arriba, que también les tenían por allí de la mano de Dios- sacadas de allí deprisa y de mala manera. Paquito ya iba camino de donde fuese tras la noche del 19 al 20 de noviembre (19 más bien, aunque eso será materia de otra parrafada, si el tiempo y la autoridad no lo impiden) Para el que no lo crea, que eche mano de varias obras maestras en forma de columna dominical de Arturo Pérez-Reverte, como son El cabo Belali, Aquella Navidad del 75, Una paella en El Aaiún o El comandante Labajos. Su lectura merece la pena, de verdad.

Para ir finalizando, que tampoco es plan aburrir a nadie, una comparación gráfica. Las fotografías pertenecen al mismo lugar. Una está tomada en 1974. Otra, en 2006. ¿Se adivina la diferencia?





Y, para acabar de verdad, permitidme que les dé un último consejo a mis amigos los pancarteros: si, de verdad, queréis solucionar los problemas de los saharauis, poneos a forzar al de La Moncloa. Que deje de apoyar a Mojamé, y cumpla con lo que debe. Que no es, por mucho que lo digáis, cuestión de unas horas. Desafortunadamente.

PD: ¿A qué carajo viene una bandera gallega con una estrella roja en la manifestación? Melospliquen, por favor.

PD2: Un gran resumen, y por parte de un político. No, no os asustéis, que no es español:

El Gobierno de Paraguay se ratifica en su decisión de apoyo inquebrantable a la legitima causa del dividido (por el mayor muro de la vergüenza de nuestros días) y semicolonizado por marroquies venidos del norte, pueblo saharaui.
(Fernando Lugo, un ex obispo con la cabeza muy en su sitio)

Tr3s Son Multitud. La serie por capítulos